miércoles, 27 de septiembre de 2017

ASPECTOS CULTURALES DE TODOS SANTOS HUEHUETENANGO.


FIESTA TITULAR




La fiesta titular de Todos Santos Cuchumatán, se celebra del 31 de octubre al 2 de noviembre. El día principal es el primero, en que la Iglesia Católica conmemora la festividad de Todos los Santos. Según datos del Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT), EL 1º. de noviembre se celebran en la cabecera los bailes folclóricos El Venado y El Torito; y la famosa "Carrera de Caballos".

Mágico mundo maya
A los espíritus ya casi nadie les escucha, pero, gracias a ellos, la identidad de este pueblo guatemalteco está viva. Durante el año, los todosanteros preparan su gran fiesta, la cual llega los primeros días de noviembre como una borrachera de cultura autóctona, empañada por las nieblas de la modernidad.
Esa niebla misteriosa que, cada tarde, cae desde los cerros para disipar los vestigios de la cosmovisión maya. En Todos Santos viven los hijos de la etnia mam, los herederos más directos de los mayas. Es éste un valle inmerso en el macizo montañoso de los Cuchumatanes, los altivos murallones que se levantan después de la ciudad de Huehuetenango, en el noroeste de Guatemala.
Llegar hasta Todos Santos no es fácil. Hay que subir pronunciadas cuestas “de todo pugnar”, como plasmó el cronista colonial Francisco de Fuentes y Guzmán en su Recordación Florida. El paisaje es colosal y recuerda las estampas de la altiplanicie andina, pues incluso unas llamas traídas de Bolivia pastan por allí. El aire es frío y quema la piel. No en vano estamos a más de 3.000 metros de altura.
Todos Santos Cuchumatán
Entre formaciones rocosas arañadas por la erosión, se toma un camino descendente de tierra hacia un alargado valle en cuyo fondo se divisan las casas desiguales de Todos Santos Cuchumatán. En lengua nativa, Cuchumatán significa “reunión por la fuerza”, la misma que emplearon las huestes de Gonzalo de Alvarado para someter a esta tierra bajo el dominio de España en el siglo XVI e imponer el traje que siguen vistiendo los todosanteros: las mujeres, con su huipil o blusa bordada y el corte o falda, ambos con las tonalidades violetas típicas del lugar.
En la cabeza, algunas dejan ver un paño o sombrero; los hombres, con camisa de finas rayas moradas, cuello grueso de lana para protegerse del frío, pantalón rojiblanco y un sobrepantalón de color negro. En los más mayores todavía se asoma un pañuelo por debajo del sombrero de paja redondo. No es habitual que en Guatemala los hombres luzcan su ropa típica, pero en Todos Santos lo consideran un orgullo, pues sus formas y tonalidades fueron adaptadas dentro de su cosmovisión en torno al calendario sagrado maya, como parte del sincretismo que refulge en toda Guatemala.
Sin embargo, ahora los jóvenes se desmarcan de los cánones estéticos locales. Poco a poco va desapareciendo esa ancestral fidelidad a lo tradicional. Muchos factores influyen en esta era globalizada, pero el más importante es, quizá, el de la emigración a los Estados Unidos.
Cada vez es mayor la diáspora de mames para salir de la pobreza. La imagen de Todos Santos se va desvirtuando.
Hace mucho tiempo…
Hubo un tiempo muy distinto en el que, pese a la imposición cristiana, Todos Santos era leal a las creencias mayas. Y cualquier mam se sometía a la voluntad de Tuycoy, Tuibatz, Tuizolic y Sibilyax. Ellos son los cuatro Alcaldes del Santo Mundo o, lo que es lo mismo, los cuatro cerros que rodean el pueblo, espíritus guiadores del devenir mam, en sintonía con el calendario sagrado y su complejidad interpretativa a ojos de otras culturas. Pero, en medio de una pobreza incapaz de superar los retos de los tiempos actuales, las creencias católica y, sobre todo, evangélica se fueron apoderando de la religiosidad local.
Los valores endógenos comenzaron a debilitarse y desplazaron a los chimanes, a los alcaldes rezadores o a los sacerdotes mayas. Los todosanteros fueron olvidando a sus cerros, a sus dioses protectores. Y éstos se ocultaron bajo la niebla. Todas las tradiciones, las que hoy pueden jactarse en Todos Santos de pertenecer al acervo más antiguo de Guatemala, eran bendecidas por los cerros. Hoy no. Fortunato Mendoza, maestro de la localidad, se empeña en relanzar la costumbre. O, al menos, por que ésta no desaparezca. Se queja de la fuerza proselitista de los católicos y evangélicos. Él todavía cree en los montes sagrados, pero se resigna a la progresiva pérdida de los valores locales.
Orgullo y tradición
De espaldas a los espíritus montañosos, si los todosanteros tienen algo claro es que no van a renunciar a su fiesta, por lo menos a la más terrenal. Ya en los últimos días de octubre, el consumo de alcohol se dispara y los sones de la marimba resuenan melancólicos en todo el valle. En la casa del Primer Danzante, un grupo de varones ensaya el “baile del torito”, antes de su puesta en escena oficial los días 1 y 2 de noviembre. Fortunato explica que, en más de 50 piezas, representan la historia de un conquistador que instauró la corrida de toros española en el siglo XVI.
Según la leyenda, el toro arremetió contra él y lo hirió de muerte. A partir de la lectura cómica de su testamento, los indígenas rememoran este episodio en forma de coreografía. Es una danza burlona y grotesca hacia el invasor español y, por tanto, hacia el ladino, o sea, el que no es indígena en Guatemala. Y para exacerbar más su sentimiento también ocultan su rostro, esta vez con máscaras de sonrisas displicentes. Los trajes son multicolores, con adornos y pequeños espejos, pero no son locales, sino alquilados en San Cristóbal Totonicapán.
Como manda la tradición, el alcohol ha hecho acto de presencia en una ceremonia en la que se han sacrificado varios carneros. El ensayo durará hasta el anochecer. Después del banquete, ya no son las máscaras, sino el exceso de alcohol el que, bajo la insinuante neblina, enajena a los bailarines y a los cuatro espíritus que durante siglos inspiraron esta danza. Horas más tarde, durante la fiesta oficial, los bailarines acompañan las notas de la marimba con el espasmódico sonido de unas maracas que sacuden al moverse. Lo hacen frente al templo católico, como manda la tradición.
Junto a ellos se aglutina una masa que disfruta superficialmente del espectáculo los días de celebración, sin comprender su significado real. Pero el centro de atención del festival todosantero lo copan las carreras de caballos. Su origen es difuso. Puede ser una recreación del triunfo de un grupo de mames que logró huir del cerco español cabalgando sin cesar. O bien su significado puede estar más ligado a la purificación de la tierra, pues los participantes todavía sacrifican un gallo antes de cabalgar. El caso es que no hay carrera, ni competición. Los jinetes, ataviados con plumas, cintas y capas de gala, corren de un lado al otro por un camino de cien metros. Fin de trayecto y vuelta a empezar. Así una y otra vez, durante horas.
Ritual
La noche anterior, en la casa del Capitán, la ingesta de bebidas alcohólicas ha rebasado cualquier límite. Los alcaldes auxiliares de las aldeas pertenecientes a Todos Santos han sido testigos del juramento de los corredores, vestigio de las ceremonias previas a la cabalgata, en una noche en la que está prohibido dormir. Por eso, durante el espectáculo ecuestre, algunos jinetes se tambalean hasta caer. Y si el accidente es dramático y el corredor llega a morir, la creencia popular sostiene que será un año de buena suerte. La fiesta dura todo el día de Todos los Santos.
Continúa el monótono martilleo de las marimbas. Las rosquillas de pan y ajonjolí se venden sin parar y el alcohol sigue haciendo estragos. Todo el día… y toda la noche: la noche de difuntos. Esa madrugada, la calle principal del pueblo nos ofrece su imagen más tétrica: decenas de sombras fantasmales caminan sin rumbo entre la niebla, bajo la difuminada luz de las bombillas. Al suelo enlodado van cayendo los que no aguantan más el equilibrio. En el ambiente, frío y sórdido, se escuchan cánticos lóbregos, que más que fragmentos ebrios del folclore autóctono parecen ecos quejumbrosos provenientes del cementerio.
Vida y muerte
Es precisamente en el cementerio donde se reúne la población todosantera en el amanecer del día 2 de noviembre, entre lamentos de los vivos que lloran a sus muertos. Tampoco falta la marimba, que trasladan a cuestas los músicos sorteando a duras penas las abigarradas lápidas frente a las que se aglutinan grupos familiares en ceremonias improvisadas. A lo largo y ancho del recinto, está reunida toda la comunidad, sin distinción de edad, ni creencia religiosa. Vida y muerte se fusionan entre guirnaldas, velas y tracas. Es otra representación extravagante para códigos ladinos, pero, para los mames, es el reencuentro con el origen del Santo Mundo, con lo más profundo, con la madre tierra.
Tuicoy, Tuibatz, Tuizolic y Sibilyax, a unos pocos metros, asisten nostálgicos a una tradición de significado cambiante. Ya son sólo espectadores, pero su espíritu maya está vivo y permite que la fiesta se repita el año próximo, y al otro, y así sucesivamente, para no morir nunca.





CULTURA

En la actualidad el Municipio participa en forma activa en la Mancomunidad Huista , que cuenta con un plan estratégico de identidad cultural y proyectos de fomento, que describe la cultura como un elemento que diferencia a la población ante el resto del país y del mundo. Este programa incluye promoción de aspectos: etno-lingüistico, arte, riqueza creada, identidad artística; música, danza, teatro, literatura y proyecto de espiritualidad maya.



FOLKLORE

El folklore se define como el conjunto de tradiciones populares y costumbres de un pueblo.

“En la actualidad, indígenas y ladinos todosanteros construyen su identidad social que emergió a partir de la violencia. En el caso de los indígenas, las mismas prácticas culturales han tenido que ajustarse como la celebración del día 4 de octubre en honor a San Francisco de Asís y el baile de Ixcampores. Años atrás, estos personajes caracterizaban a ladinos representados por indígenas en donde se improvisaban chistes y actuaban bromas en idioma Mam alusivas a los ladinos burlándose de éstos. Los actores vestidos con ropas “ladinas” y máscaras grotescas, dramatizaban de manera sarcástica la forma de vida de los ladinos, representaban personas que leían, escribían y tomaban fotos u otras cosas que se asumían como propias de los ladinos. También habían hombres indígenas que se vestían como mujeres ladinas. De esta forma en la burla y en el chiste se profanaba la hegemonía y se criticaba la “cultura” de los ladinos, como si este escenario de actores y público limitado a los hablantes de Mam, fuera el espacio para revertir en forma simbólica el poder y dramatizar aquello que no se gozaba en la vida real. El baile de Ixcampores hoy día es diferente y refleja una distinta composición social. La reconfiguración de las nuevas relaciones interétnicas y el empoderamiento local del indígena, ha propiciado que con el paso de los años se transforme la tradición y ya no se represente a los ladinos, sólo se hacen bromas y chistes entre los mismos indígenas.”

Según datos del Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT), el 1 de noviembre se celebran en la cabecera los bailes folklóricos como: el venado y el torito. También se realiza la famosa “Carrera de Caballos” y existen grupos formados para otros bailes folklóricos que son de atractivo turístico, por las costumbres, el colorido de los trajes, dentro de la recreación y turismo se encuentran grupos musicales en especial de marimba.

Los indígenas usan ropa distintiva conocida en la localidad como “el típico” y los ladinos utilizan vestimenta diferente. La distinción exclusiva de los dos grupos para todo aquel que no es de la región es evidente al observar la indumentaria. En la Cabecera Municipal , los que no usan el traje típico son una pequeña minoría y se advierten de inmediato.



RELIGIÓN

La religión ha sufrido una serie de transformaciones en su historia paralela a las relaciones que se han establecido entre la comunidad de ladinos e indígenas con el exterior. En un principio y hasta la década de 1950 existía la dicotomía entre la cofradía indígena y los ladinos católicos; después el trabajo pastoral de los Maryknoll propició el enfrentamiento entre los indígenas que practicaban la “costumbre” y los católicos, aunado a esto la introducción creciente de la religión protestante. A partir de la década de 1970 los efectos de la violencia en las relaciones interétnicas han dado como resultado que las diferencias religiosas se den más allá de la línea étnica y cobren la forma de grupos religiosos integrados por indígenas y ladinos.

Según investigación de campo el 50% de la población es católica y el resto pertenece a otras religiones. La iglesia católica cuenta con 31 templos y las iglesias evangélicas con 52, distribuidos en todo el Municipio. Las iglesias que existen son Pentecostés, Monte Sinaí, Centroamericana y Nueva Renovación. A partir de 1999 las iglesias evangélicas cuentan con biblias en idioma Mam, producto del trabajo del Instituto Lingüístico de Verano.

La relación entre los miembros de las diferentes religiones es de aparente respeto, no se ha sabido de problemas entre católicos y las otras religiones. Existen críticas entre una iglesia y otra, pero no hay grupos religiosos que sustenten algún tipo de poder político en la comunidad, ni tampoco divisionismo entre la población por la diferencia de creencias religiosas, comités pro-mejoramiento y proyectos de desarrollo están formados por personas que profesan diferentes cultos.

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