FIESTA TITULAR
La fiesta titular
de Todos Santos Cuchumatán, se celebra del 31 de octubre al 2 de noviembre. El
día principal es el primero, en que la Iglesia Católica conmemora la festividad
de Todos los Santos. Según datos del Instituto Guatemalteco de Turismo
(INGUAT), EL 1º. de noviembre se celebran en la cabecera los bailes folclóricos
El Venado y El Torito; y la famosa "Carrera de Caballos".
Mágico mundo maya
A los espíritus ya
casi nadie les escucha, pero, gracias a ellos, la identidad de este pueblo
guatemalteco está viva. Durante el año, los todosanteros preparan su gran
fiesta, la cual llega los primeros días de noviembre como una borrachera de
cultura autóctona, empañada por las nieblas de la modernidad.
Esa niebla
misteriosa que, cada tarde, cae desde los cerros para disipar los vestigios de
la cosmovisión maya. En Todos Santos viven los hijos de la etnia mam, los
herederos más directos de los mayas. Es éste un valle inmerso en el macizo
montañoso de los Cuchumatanes, los altivos murallones que se levantan después
de la ciudad de Huehuetenango, en el noroeste de Guatemala.
Llegar hasta Todos
Santos no es fácil. Hay que subir pronunciadas cuestas “de todo pugnar”, como
plasmó el cronista colonial Francisco de Fuentes y Guzmán en su Recordación
Florida. El paisaje es colosal y recuerda las estampas de la altiplanicie
andina, pues incluso unas llamas traídas de Bolivia pastan por allí. El aire es
frío y quema la piel. No en vano estamos a más de 3.000 metros de altura.
Todos Santos
Cuchumatán
Entre formaciones
rocosas arañadas por la erosión, se toma un camino descendente de tierra hacia
un alargado valle en cuyo fondo se divisan las casas desiguales de Todos Santos
Cuchumatán. En lengua nativa, Cuchumatán significa “reunión por la fuerza”, la misma
que emplearon las huestes de Gonzalo de Alvarado para someter a esta tierra
bajo el dominio de España en el siglo XVI e imponer el traje que siguen
vistiendo los todosanteros: las mujeres, con su huipil o blusa bordada y el
corte o falda, ambos con las tonalidades violetas típicas del lugar.
En la cabeza,
algunas dejan ver un paño o sombrero; los hombres, con camisa de finas rayas
moradas, cuello grueso de lana para protegerse del frío, pantalón rojiblanco y
un sobrepantalón de color negro. En los más mayores todavía se asoma un pañuelo
por debajo del sombrero de paja redondo. No es habitual que en Guatemala los
hombres luzcan su ropa típica, pero en Todos Santos lo consideran un orgullo,
pues sus formas y tonalidades fueron adaptadas dentro de su cosmovisión en
torno al calendario sagrado maya, como parte del sincretismo que refulge en
toda Guatemala.
Sin embargo, ahora
los jóvenes se desmarcan de los cánones estéticos locales. Poco a poco va
desapareciendo esa ancestral fidelidad a lo tradicional. Muchos factores
influyen en esta era globalizada, pero el más importante es, quizá, el de la
emigración a los Estados Unidos.
Cada vez es mayor
la diáspora de mames para salir de la pobreza. La imagen de Todos Santos se va
desvirtuando.
Hace mucho tiempo…
Hubo un tiempo muy
distinto en el que, pese a la imposición cristiana, Todos Santos era leal a las
creencias mayas. Y cualquier mam se sometía a la voluntad de Tuycoy, Tuibatz,
Tuizolic y Sibilyax. Ellos son los cuatro Alcaldes del Santo Mundo o, lo que es
lo mismo, los cuatro cerros que rodean el pueblo, espíritus guiadores del
devenir mam, en sintonía con el calendario sagrado y su complejidad
interpretativa a ojos de otras culturas. Pero, en medio de una pobreza incapaz
de superar los retos de los tiempos actuales, las creencias católica y, sobre
todo, evangélica se fueron apoderando de la religiosidad local.
Los valores
endógenos comenzaron a debilitarse y desplazaron a los chimanes, a los alcaldes
rezadores o a los sacerdotes mayas. Los todosanteros fueron olvidando a sus
cerros, a sus dioses protectores. Y éstos se ocultaron bajo la niebla. Todas
las tradiciones, las que hoy pueden jactarse en Todos Santos de pertenecer al
acervo más antiguo de Guatemala, eran bendecidas por los cerros. Hoy no.
Fortunato Mendoza, maestro de la localidad, se empeña en relanzar la costumbre.
O, al menos, por que ésta no desaparezca. Se queja de la fuerza proselitista de
los católicos y evangélicos. Él todavía cree en los montes sagrados, pero se
resigna a la progresiva pérdida de los valores locales.
Orgullo y
tradición
De espaldas a los
espíritus montañosos, si los todosanteros tienen algo claro es que no van a
renunciar a su fiesta, por lo menos a la más terrenal. Ya en los últimos días
de octubre, el consumo de alcohol se dispara y los sones de la marimba resuenan
melancólicos en todo el valle. En la casa del Primer Danzante, un grupo de
varones ensaya el “baile del torito”, antes de su puesta en escena oficial los
días 1 y 2 de noviembre. Fortunato explica que, en más de 50 piezas,
representan la historia de un conquistador que instauró la corrida de toros
española en el siglo XVI.
Según la leyenda,
el toro arremetió contra él y lo hirió de muerte. A partir de la lectura cómica
de su testamento, los indígenas rememoran este episodio en forma de
coreografía. Es una danza burlona y grotesca hacia el invasor español y, por
tanto, hacia el ladino, o sea, el que no es indígena en Guatemala. Y para
exacerbar más su sentimiento también ocultan su rostro, esta vez con máscaras
de sonrisas displicentes. Los trajes son multicolores, con adornos y pequeños
espejos, pero no son locales, sino alquilados en San Cristóbal Totonicapán.
Como manda la
tradición, el alcohol ha hecho acto de presencia en una ceremonia en la que se
han sacrificado varios carneros. El ensayo durará hasta el anochecer. Después
del banquete, ya no son las máscaras, sino el exceso de alcohol el que, bajo la
insinuante neblina, enajena a los bailarines y a los cuatro espíritus que
durante siglos inspiraron esta danza. Horas más tarde, durante la fiesta
oficial, los bailarines acompañan las notas de la marimba con el espasmódico
sonido de unas maracas que sacuden al moverse. Lo hacen frente al templo
católico, como manda la tradición.
Junto a ellos se
aglutina una masa que disfruta superficialmente del espectáculo los días de
celebración, sin comprender su significado real. Pero el centro de atención del
festival todosantero lo copan las carreras de caballos. Su origen es difuso.
Puede ser una recreación del triunfo de un grupo de mames que logró huir del
cerco español cabalgando sin cesar. O bien su significado puede estar más
ligado a la purificación de la tierra, pues los participantes todavía
sacrifican un gallo antes de cabalgar. El caso es que no hay carrera, ni competición.
Los jinetes, ataviados con plumas, cintas y capas de gala, corren de un lado al
otro por un camino de cien metros. Fin de trayecto y vuelta a empezar. Así una
y otra vez, durante horas.
Ritual
La noche anterior,
en la casa del Capitán, la ingesta de bebidas alcohólicas ha rebasado cualquier
límite. Los alcaldes auxiliares de las aldeas pertenecientes a Todos Santos han
sido testigos del juramento de los corredores, vestigio de las ceremonias
previas a la cabalgata, en una noche en la que está prohibido dormir. Por eso,
durante el espectáculo ecuestre, algunos jinetes se tambalean hasta caer. Y si
el accidente es dramático y el corredor llega a morir, la creencia popular
sostiene que será un año de buena suerte. La fiesta dura todo el día de Todos los
Santos.
Continúa el
monótono martilleo de las marimbas. Las rosquillas de pan y ajonjolí se venden
sin parar y el alcohol sigue haciendo estragos. Todo el día… y toda la noche:
la noche de difuntos. Esa madrugada, la calle principal del pueblo nos ofrece su
imagen más tétrica: decenas de sombras fantasmales caminan sin rumbo entre la
niebla, bajo la difuminada luz de las bombillas. Al suelo enlodado van cayendo
los que no aguantan más el equilibrio. En el ambiente, frío y sórdido, se
escuchan cánticos lóbregos, que más que fragmentos ebrios del folclore
autóctono parecen ecos quejumbrosos provenientes del cementerio.
Vida y muerte
Es precisamente en
el cementerio donde se reúne la población todosantera en el amanecer del día 2
de noviembre, entre lamentos de los vivos que lloran a sus muertos. Tampoco
falta la marimba, que trasladan a cuestas los músicos sorteando a duras penas
las abigarradas lápidas frente a las que se aglutinan grupos familiares en
ceremonias improvisadas. A lo largo y ancho del recinto, está reunida toda la
comunidad, sin distinción de edad, ni creencia religiosa. Vida y muerte se
fusionan entre guirnaldas, velas y tracas. Es otra representación extravagante
para códigos ladinos, pero, para los mames, es el reencuentro con el origen del
Santo Mundo, con lo más profundo, con la madre tierra.
Tuicoy, Tuibatz,
Tuizolic y Sibilyax, a unos pocos metros, asisten nostálgicos a una tradición
de significado cambiante. Ya son sólo espectadores, pero su espíritu maya está
vivo y permite que la fiesta se repita el año próximo, y al otro, y así
sucesivamente, para no morir nunca.
CULTURA
En la actualidad
el Municipio participa en forma activa en la Mancomunidad Huista , que cuenta
con un plan estratégico de identidad cultural y proyectos de fomento, que
describe la cultura como un elemento que diferencia a la población ante el
resto del país y del mundo. Este programa incluye promoción de aspectos:
etno-lingüistico, arte, riqueza creada, identidad artística; música, danza,
teatro, literatura y proyecto de espiritualidad maya.
FOLKLORE
El folklore se define
como el conjunto de tradiciones populares y costumbres de un pueblo.
“En la actualidad,
indígenas y ladinos todosanteros construyen su identidad social que emergió a
partir de la violencia. En el caso de los indígenas, las mismas prácticas
culturales han tenido que ajustarse como la celebración del día 4 de octubre en
honor a San Francisco de Asís y el baile de Ixcampores. Años atrás, estos
personajes caracterizaban a ladinos representados por indígenas en donde se
improvisaban chistes y actuaban bromas en idioma Mam alusivas a los ladinos
burlándose de éstos. Los actores vestidos con ropas “ladinas” y máscaras
grotescas, dramatizaban de manera sarcástica la forma de vida de los ladinos,
representaban personas que leían, escribían y tomaban fotos u otras cosas que
se asumían como propias de los ladinos. También habían hombres indígenas que se
vestían como mujeres ladinas. De esta forma en la burla y en el chiste se
profanaba la hegemonía y se criticaba la “cultura” de los ladinos, como si este
escenario de actores y público limitado a los hablantes de Mam, fuera el
espacio para revertir en forma simbólica el poder y dramatizar aquello que no
se gozaba en la vida real. El baile de Ixcampores hoy día es diferente y
refleja una distinta composición social. La reconfiguración de las nuevas
relaciones interétnicas y el empoderamiento local del indígena, ha propiciado
que con el paso de los años se transforme la tradición y ya no se represente a
los ladinos, sólo se hacen bromas y chistes entre los mismos indígenas.”
Según datos del
Instituto Guatemalteco de Turismo (INGUAT), el 1 de noviembre se celebran en la
cabecera los bailes folklóricos como: el venado y el torito. También se realiza
la famosa “Carrera de Caballos” y existen grupos formados para otros bailes
folklóricos que son de atractivo turístico, por las costumbres, el colorido de
los trajes, dentro de la recreación y turismo se encuentran grupos musicales en
especial de marimba.
Los indígenas usan
ropa distintiva conocida en la localidad como “el típico” y los ladinos
utilizan vestimenta diferente. La distinción exclusiva de los dos grupos para
todo aquel que no es de la región es evidente al observar la indumentaria. En
la Cabecera Municipal , los que no usan el traje típico son una pequeña minoría
y se advierten de inmediato.
RELIGIÓN
La religión ha sufrido una serie de transformaciones
en su historia paralela a las relaciones que se han establecido entre la
comunidad de ladinos e indígenas con el exterior. En un principio y hasta la
década de 1950 existía la dicotomía entre la cofradía indígena y los ladinos
católicos; después el trabajo pastoral de los Maryknoll propició el
enfrentamiento entre los indígenas que practicaban la “costumbre” y los
católicos, aunado a esto la introducción creciente de la religión protestante.
A partir de la década de 1970 los efectos de la violencia en las relaciones
interétnicas han dado como resultado que las diferencias religiosas se den más
allá de la línea étnica y cobren la forma de grupos religiosos integrados por
indígenas y ladinos.
Según investigación de campo el 50% de la población es
católica y el resto pertenece a otras religiones. La iglesia católica cuenta
con 31 templos y las iglesias evangélicas con 52, distribuidos en todo el
Municipio. Las iglesias que existen son Pentecostés, Monte Sinaí,
Centroamericana y Nueva Renovación. A partir de 1999 las iglesias evangélicas
cuentan con biblias en idioma Mam, producto del trabajo del Instituto
Lingüístico de Verano.
La relación entre los miembros de las diferentes
religiones es de aparente respeto, no se ha sabido de problemas entre católicos
y las otras religiones. Existen críticas entre una iglesia y otra, pero no hay
grupos religiosos que sustenten algún tipo de poder político en la comunidad,
ni tampoco divisionismo entre la población por la diferencia de creencias
religiosas, comités pro-mejoramiento y proyectos de desarrollo están formados
por personas que profesan diferentes cultos.


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